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Claudio Arzani - Próximas Exposiciones


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La EMBAJADA DE BRASIL
y el INSTITUTO BRASILEIRO EQUATORIANO DE CULTURA
se complacen en invitar a Usted (s),
del 11 al 22 de diciembre a la muestra pictórica

"TEXTURAS DE LUZ EN SIENA"

de

Claudio Arzani

A realizarse en las Salas de Exposición del Instituto Brasileiro
Equatoriano de Cultura.

~ Proximas Exposiciones~

"Hubo un tiempo lejanísimo -escribe Viollet-Le-Duc-, en que el hombre erraba, desvalido, sobre la haz de la tierra". El autor de la obra Historia de la Habitación Humana, recuerda a propósito a Pascal, cuando afirma que "la humanidad puede considerarse como un mismo hombre que subsiste y aprende continuamente (...)". Aprende, por ejemplo, más allá de su guerra feroz contra los animales salvajes, a vivir en cavernas y grutas, las cuales, en función sin duda de una predestinación estética, decora de alguna manera.

Tal vez así nace la hermandad definitiva entre arquitectura y artes plásticas, comenzando por la paridad volumétrica que se establece entre la arquitectura y la escultura. Sin embargo, prevalece la primera como "el arte de la casa, en el sentido más vasto que se pueda conferir a este vocablo" -opina el ya nombrado Gillo Dorfles, quien añade lo siguiente: "... casa del hombre y casa del dios, casa del deportista (estadio, piscina), casa del peatón o del automovilista (calle, puente, viaducto, etc.)".

O sea, todo cuanto concierne a la vida humana comprendia o resume la casa que construye, la cual no se queda solo en paredes y techo, sino que evoluciona al tenor de las ideas prácticas que genera la propia vida cotidiana. La arquitectura, entonces, reclama la colaboración de todas las artes posibles, aunque es cierto que margina sus valores científicos y técnicos de los demás valores coadyuvantes, en razón de sus características específicas.

Pero si, de todos modos, no resulta prudente identificar plástica y arquitectura, está ultima permanecerá en los ámbitos de la plástica, debido a su enorme posibilidad de sugerir. Lo digo desde mi propia experiencia, a nivel de un hombre cuya sensibilidad cotidiana se estremece a la vista, sobre todo, de aquellos edificios donde se archivan las claves de la condición humana. Aquellas casas cuyas texturas exteriores codifican las veleidades del tiempo y de los pueblos, cuyos elementos traseuntan sin duda tragedias y dramas que todos los días, aquellas casas tocan a las puertas de un artista poseído por la inquietud existencial y los apremios por entrar hacia el corazón de los protagonistas. Con su palabra conmovida por la vida íntima de sus testigos argumentales, Barbusse atrapó las escenas inolvidables de su novela El Infierno. Utrillo, en cambio, nos dejó en la cuerda de sus calles desoladas. La vida, en cualquier caso, rellena la historia conceptual y artística de la arquitectura y la plástica.

Pero nada tiene que ver esta percepción de aquella arquitectura que nos habla de los refugios más bien secretos de las gentes habituales. Los edificios que carecen de idioma común, que recurren a la técnica como un camino para establecer los grados diferenciales de la realidad humana, van por calificaciones que de hecho excluyen a las construcciones de tipo común y corriente. Lo que interesa para efectos de mirar y ver estos cuadros de Claudio Arzani -joven pintor chileno- es hasta qué punto él es capaz de llegar hacia los objetivos exteriores de sus pinturas.

Y es allí donde el "misterio" de su creación se explica como un afán por descifrar, a sabiendas de lo imposible, aquello que definitivamente jamás pasará los dinteles de la vida personal. Y aquí cae, precisamente, la fuerza creativa, el pathos de la personalidad creadora, los esfuerzos que el arte implica en términos de lograr lo que al final parece desvanecerse para siempre.

Como quiera que sea, los cuadros de Claudio Arzani toman a la arquitectura como un pretexto pictórico, de libre y voluntario ejercicio, emocional y sin duda caprichoso. Porque el artista nada pretende en materia de captar o transcribir aspectos propios de la técnica arquitectónica, que no se concreten a un trazado minucioso y tenaz de líneas precisas. Lo que vale para Arzani son sus deseos por empatar su cromática con el idioma envejecido por las texturas de las fachadas. Para el joven pintor esto es lo sustancial, y creo que la crítica ha coincidido plenamente en este detalle. Sus casas costeñas o de la serranía, siempre aisladas de la gran construcción, señorial o de enorme hotelería o administrativa, dan en el centro de una historia general bajo cuyo ritmo la pátina del tiempo se arraiga a la memoria viva de la humanidad.

Muchos han sido los intentos en el sentido de ubicar a la arquitectura como un arte que corresponde a épocas pretéritas, como algo que perdió para siempre el inmenso valor estético que la había caracterizado, a cambio de lo cual -dice Gillo Dorfles- "se transformó en técnica, en oficio". Aun si así lo fuera, en ningún caso la arquitectura dejaría de ser aquella expresión bajo cuyo signo de necesidad fundamental del hombre, la vida toda se desarrolla y se completa.

En resumen, -insisto- la relación profunda que el pintor chileno mantiene con sus casas, no es con la arquitectura en sí misma, sino con una capacidad sensible en materia de extraer de un motivación esencial las semejanzas, cierto tipo de asociación capaz de jugar a las escondidas con matices y detalles que solo la intuición creadora y el libre albedrío de la propia personalidad pueden ubicar. Una exposición valiosa que aplaudo con entusiasmo.

Edmundo Ribadeneira
Presidente Casa de la Cultura Ecuatoriana
1982-1988
9 de Septiembre, 2001

El público descubrirá o tratará de descubrir, tal vez con criterio más exacto que el mío, las fórmulas -si cabe- pictóricas de Arzani. En mi caso, he preferido divagar un poco -lo hago a los muchos tiempos- alrededor de una obra de arte que pone de manifiesto el talento de un artista persistente, es decir, terco y decido, vocacional hasta el hueso, cuyo contacto me ha hecho recordar, además, mis años de cátedra en la Facultad de Artes, cuando Claudio Arzani era alumno.