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Claudio Arzani - Extractos de Comentarios


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~ Extracto de Comentarios~

Oleo sobre Lienzo
80 x 60 cm.
1989

Ha pasado el tiempo y Arzani rescata de nuestro pasado una arquitectura congruente con una forma de ser que hoy yace aplastada y escondida entre moles de cemento y de mal gusto, asinderéticas con el clima e impuestas por una generación que ha intuido, sin conocer, aquellos versos de Heine que decían "...que el dinero es el Dios de nuestro tiempo y Rostchild su máximo profeta...". La técnica de Arzani es complicada y muy adecuada para el tema que trata. Conceptualmente su pintura es romántica, y su trazo lineal nos presenta al geómetra - arquitecto en un avance que va más allá del realismo con el propósito de entablar a través de cada pilar, ventana o portón un diálogo sutil de armonía con el espectador. Pero fundamentalmente, para mi, ser preatómico por meses, la pintura de Arzani es una invitación a la simple belleza de la línea recta, y al amor in extensu, al color.

Rafael Pino Rubira, 1987

Contemplar la obra de Arzani emociona por partida doble, primero porque el arte siempre conmueve a quien lo contempla, y segundo porque su casas y fachadas de ese Guayaquil en que vivieron nuestros padres y del que aún quedan, a pesar nuestro, bellísimos ejemplos produce que ese aletargado sentimiento de amor por nuestro Guayaquil aflore con fuerza y nos llene de alegría. El arte no tiene el imperativo categórico de la enseñanza, pero enseña, educa; esta obra de Arzani encierra una enseñanza de amor y conservación que no puede ser desoída; que debe ser aplicada; conservemos lo nuestro, atesoremos esas casas viejas, cargadas de años, testigos mudos y sensibles de la vida de Guayaquil de un Guayaquil que les debe el homenaje de inmortalidad que Claudio Arzani les ha rendido en su obra.

Rodolfo Baquerizo Blum, 1987

Nacido en una ciudad de la cordillera chilena, sube en busca de horizontes hacia el norte y acaba por instalarse en Quito. El premio "Mariana Aguilera" reconoce, en 1986, su incorporación al arte ecuatoriano, al que aporta una visión personal de la arquitectura urbana, en expresión visual muy concienzuda.

Pinta sobre todo, fachadas. Fachadas características, aunque ni monumentales ni excepcionales. Maneja con rigor de dibujo los elementos arquitectónicos fundamentales -lienzos, frisos, ventanas con sus marcos, balcones, puertas y dinteles -, pero ajusta esos elementos a una composición armoniosa y les da un equilibrado tratamiento cromático. En una segunda etapa extiende su poética y técnica a casas guayaquileñas. A las más típicas del centro.

Le seduce, sobre todo, la madera con su rico juego lineal. Las persianas de líneas claras contra interiores umbríos; los portales con sus columnas de madera. La morosidad cuasihiperrealista se convierte en juego de grafismo lineal. Lo cromático se resuelve en fino estudio de blancos, grises, añiles suaves, delicados verdes y rosas.

En una tercera etapa vuelve a la sierra y busca el motivo arquitectónico en casas de pueblo. Paredes irregulares, puertas que se abren hacia frescos zaguanes. Insiste entonces en un enriquecimiento de pintura que ya se había insinuado: la apertura de las fachadas hacia algo más profundo. Las ventanas que dejan adivinar interiores con su atmósfera y sombras o luz. Un enriquecimiento severo riguroso como todo en esta pintura casi testimonial.

Hernán Rodríguez Castelo, 1988

 


Oleo sobre Lienzo
80 x 60 cm.
1987

La propuesta de Arzani es más sencilla: miremos y no solo veamos. Antípodas de una misma ecuación que él resuelve con medios tradicionales, pero bien empleados. Sus primeros planos fijados en el lienzo son un vistazo lanzado sobre lo ya edificado para que cada cual se vuelva responsable del uso espiritual que le dé.

No asoma la figura del hombre ni su sombra. La Construcción lo es todo. Restan los ventanucos y las vidrieras, las puertas desquiciadas o todavía estables un sus jambas, canecillos de madera yeso; molduras impostadas; marcos de Mampostería que citan estilos olvidados; celosías guayaquileñas de barajas raídas; tuberías desbordadas por aguaceros pertinaces; portalones umbrosos de suelo entejuelado. Y arriba, no el tejado, sino apenas su sombra; o el contorno somero de cornisas que diseñan pretextos para acoger bandadas de palomas.

Lenin Oña V., 1989

 

El hombre -como ser universal- y el artista -como receptor de ese universo-, saben que todo se les escapa, no solo los bienes materiales, sino también los sentimientos, las exaltaciones en que creyó descubrirse así mismo. Únicamente por el Arte, el ser humano se siente vencedor y poseedor del poder de inmovilizar y de conservar, no solamente lo que mira en torno suyo, sino lo que vive en su interior. Que le permite adueñarse de la parte del mundo que conoce, ligándolo a sus pensamientos, a sus emociones, a sus pasiones.

Claudio Arzani es un inventariador del paisaje urbano de pueblos y ciudades. Nos entrega imágenes perfectas de la arquitectura popular, gracias a su lúcida paciencia, al instinto del tono justo y activo, a esa especie de "sentido común" del colorista; cualidades que exclusivamente se cultivan con la práctica y con el amplio conocimiento de su oficio, hasta alcanzar cierto encantamiento poético.

Consigue escoger el motivo interesante y adoptar la cromática más directa; para que, de manera realista y detallada, represente las formas, prescindiendo de la dinámica sensorial en bien de la objetividad, a fin de lograr una gran nitidez visual de aquello que el pintor proyecta en la tela.

Como buen dibujante, Arzani no solo logra aprisionar las fachadas con su juego combinado de líneas y colores, modelados y materias -texturales y veladuras-, sino que recrea la luminosidad o la penumbra en que están sumidas. Por cuanto, capturar la luz, es la mágica intervención para despertar la materia, modelar sus contornos, dimensionar su volumen, enriquecer la sustancia.

Las puertas o ventanas semiabiertas nos permiten vislumbrar los interiores de cuartos y zaguanes; y, más allá: los antiguos jardines y los atisbos de cielos envejecidos por la memoria; permitiéndonos apreciar su dominio de la perspectiva. La vida está presente -impalpablemente humana-, siempre presente en el juego lúdico de elementos, aparentemente baladíes, tirados al "azar" en las calles o veredas.

 


Oleo sobre Lienzo
80 x 100 cm.
1987

Los cuadros del pintor atraen por la buena ejecución y el encuadre. Permiten reparar en el detalle que se pasa por alto cuando se transita, como cualquier habitúe, entre la circunstancia agresiva y el anhelo de tranquilidad. Son llamados a desprenderse del tráfago importante y apremioso de lo que hay que hacer de modo inexorable. Incitan a contemplar la humanizada trascendencia de los objetos. En el pormenor arquitectónico, a veces escultórico, queda la huella de un divagar menos apresurado que el actual. La audacia del artista consiste en abrogar el imperativo casi categórico del inventar ad infinitum, maldición semejante a la de los trabajos de Sísifo, que caracteriza al arte occidental del siglo XX.

La superficie plana en el espacio, es el mundo en el cual el pintor construye el orden plástico que es u obra. Limitado por el tamaño y las proporciones del plano bidimensional, dispone las formas de manera que ocupen posiciones en este espacio, que satisfagan las exigencias estéticas y expresivas de su concepción plástica. Llena el espacio o lo deja vacío. Varía el tamaño de sus formas y los espacios entre ellas. Altera, además, su configuración y su colorido. Llega al expresionismo, ya que logra su efecto por medio de modificaciones de la realidad visual...

...Emplea colores austeros para alcanzar armonías cromáticas, o se vale de la gradación de colores intensos para generar contrastes: el resplandor contra el piso y la pared es un pozo de luz, que se mantiene brillante y frío, desprovisto de energía. Extrañamente, un viejo caballete sostiene una ventana, o una solitaria silla, ¿espera a un visitante inoportuno?. Es como si algo permaneciera oculto y acechante pero siempre presente.

Trata de llegar o alcanzar la realidad, mas no representándola. Se interesa por los espacios abstractos, como de un medio para conseguir sus fines, aquellos que permanentemente viene persiguiendo con sus pinturas: sumar lo abstracto y lo realista en una sola composición.

Carlos Villacís Endara, 1995

 

Pero nada tiene que ver esta percepción de aquella arquitectura que nos habla de los refugios más bien secretos de las gentes habituales. Los edificios que carece de idioma común, que recurren a la técnica como un camino para establecer los grados diferenciales de la realidad humana, van por calificaciones que de hecho excluyen a las construcciones de tipo común y corriente. Lo que interesa para efectos de mirar y ver estos cuadros de Claudio Arzani -joven pintor chileno- es hasta qué punto él es capaz de llegar hacia los objetivos exteriores de sus pinturas.

Y es allí donde el "misterio" de su creación se explica como un afán por descifrar, a sabiendas de lo imposible, aquello que definitivamente jamás pasará los dinteles de la vida personal. Y aquí cae, precisamente, la fuerza creativa, el pathos de la personalidad creadora, los esfuerzos que el arte implica en términos de lograr lo que al final parece desvanecerse para siempre.

Como quiera que sea, los cuadros de Claudio Arzani toman a la arquitectura como un pretexto pictórico, de libre y voluntario ejercicio, emocional y sin duda caprichoso. Porque el artista nada pretende en materia de captar o transcribir aspectos propios de la técnica arquitectónica, que no se concreten a un trazado minucioso y tenaz de líneas precisas. Lo que vale para Arzani son sus deseos por epatar su cromática con el idioma envejecido por las texturas de las fachadas. Para el joven pintor esto es lo sustancial, y creo que la crítica ha coincidido plenamente en este detalle. Sus casas costeñas o de la serranía, siempre aisladas de la gran construcción, señorial o de enorme hotelería o administrativa, dan en el centro de una historia general bajo cuyo ritmo la pátina del tiempo se arraiga a la memoria viva de la humanidad.

El público descubrirá o tratará de descubrir, tal vez con criterio más exacto que el mío, las fórmulas -si cabe- pictóricas de Arzani. En mi caso, he preferido divagar un poco -lo hago a los muchos tiempos- alrededor de una obra de arte que pone de manifiesto el talento de u artista persistente, es decir, terco y decido, vocacional hasta el hueso, cuyo contacto me ha hecho recordar, además, mis años de cátedra en la Facultad de Artes, cuando Claudio Arzani era alumno.

En resumen, -insisto- la relación profunda que el pintor chileno mantiene con sus casas, no es con la arquitectura en sí misma, sino con una capacidad sensible en materia de extraer de un motivación esencial las semejanzas, cierto tipo de asociación capaz de jugar a las escondidas con matices y detalles que solo la intuición creadora y el libre albedrío de la propia personalidad pueden ubicar.

Edmundo Ribadeneira, 2001

...A la obra de Claudio Arzani, se la podría clasificar como "nueva realista", dentro de los elásticos límites de este término. La perspectiva arquitectónica se reduce a una ciencia matemática rígida y abstracta; mientras, la que practica y utiliza el artista, obedece a leyes sugeridas por el arte. Es una manifestación más viva, más verdadera, ya que se desenvuelve dentro del campo del proceso natural de nuestra visión.

Su obra, ante todo, es el fruto de una experiencia íntima, la que ningún canon o regla podrá reemplazar. No adopta la actitud de observador, intentando únicamente reproducir con fidelidad lo que ve, no que se arriesga a la aventura de una identificación entre sujeto y objeto. Este racionalismo objetivo, que en apariencia conduce a la verdad, de hecho entraña solo la evidencia, lo que se mira de afuera. Mas, su propósito fundamental, es el de encontrar un equilibrio: entre el artista y sus propias obras, para establecer relaciones equivalentes con la misma realidad receptada.

Carlos Villacís Endara, 1990

La vigorosa irrupción del realismo mágico en las artes visuales -emparentado inobjetablemente con la literatura-, y la vigencia de fabuladores, de líricos testigos del acontecer cuotidiano, dan un rotundo mentís a quienes auguraban la extinción del realismo. Claudio Arzani, cronista de la nostalgia, poderoso recreador de atmósferas urbanas, nos presenta un propuesta que, buscando intencionalmente la semejanza con las construcciones que el artista admira, se aleja del hiperrealismo por la libertad compositiva; la agudeza cromática, la poesía del detalle. Pretende que pasemos del ver al mirar...

...En la obra de Arzani prima el dibujo, un dibujo de exquisita perfección, que se detiene en detalles que otorgan belleza y armonía al conjunto. La cromática, personal, tiene tonos de calidez que incitan a la remembranza. S el color de oro viejo de las tardes serranas, o de luz nueva, recién creada, de los amaneceres costeños; no el violento color ecuatorial del mediodía. La composición exacta, rotunda, con reminiscencias arquitectónicas, suavizadas por la morosidad de los detalles. Una pintura de poderoso lirismo, de un creador talentoso y tenaz.

Hernán Rodríguez Castelo, 1992

Las puertas o ventanas semiabiertas nos permiten vislumbrar los interiores de cuartos y zaguanes; y, más allá: los antiguos jardines y los atisbos de cielos envejecidos por la memoria; permitiéndonos apreciar su dominio de la perspectiva. La vida está presente -impalpablemente humana-, siempre presente en el juego lúdico de elementos, aparentemente baladíes, tirados al "azar" en las calles o veredas.

 

El artista no es sumiso a las disciplinas que impone la investigación especulativa, su libertad se mantiene por el poder su sensibilidad y buen gusto.